La Oreja

La tendencia natural, y además la objetivamente lógica cuando se alcanza la liberación, es la de desaparecer, esconderse y pasar de toda la gente.

Donde antes había amigos, familia, maestros… ahora solo ves necios y tontos. Cuando escuchabas sus charlas tratando de encontrar un sentido, ahora solo oyes barbaridades. Cuando tratabas de falsar un argumento recurriendo a la propia lógica del ponente, ahora solo te entran ganas de irte porque todo lo que dice es falso.

Antes, cuando eras un buscador, veías a personas que buscaban y te unías a ellas para compartir, ahora compruebas que no buscan, que viven buscando, que lo que les gusta es la pose de buscador, que lo que más rechazan es encontrar, porque ellos buscan, pero no buscan nada.

Además, la “compasión” te ha desaparecido por completo. La compasión que trata de ayudar al prójimo simplemente porque sufres la pérdida de tu felicidad al ver su sufrimiento. Esa compasión egoísta baja y ruín que lo que busca es la propia felicidad. Y ha desaparecido porque ni sufres, ni la serotonina te afecta en absoluto.

Y sabes perfectamente que la gente sufre porque es imbécil. Y les encanta ser imbéciles.

Con esa arcilla… ¿qué vas a hacer?

Ni las súplicas del brahma Sahampati van a hacerte cambiar de opinión.

¿Cuántos buddhas solitarios se retiraron por imposibillidad manifiesta de encontrar quien pudiera escuchar el Dhamma?

La única manera de que el Dhamma pueda penetar en la mente de alguien es habiendo partido, roto, destrozado su fe. Solo en una mente limpia, pura puede entrar un Dhamma tan sutil. Pero el virus de la fe se inocula desde muy pequeños.

Y ahí te ves, con el martillo en la mano, golpeando cabezas, a ver si alguna parte y deja libre una oreja. Pero la inmensa mayoría son de hierro y ni golpeando duro se inmutan. Muchas cabezas están protegidas por bibliotecas enteras de libros rellenos de mentiras. Y las cabezas que parten bien porque están huecas, y no tienen ni oreja, ni nada. Huecas.

Minero de mentes.

Te preguntan por qué te esfuerzas en ir partiendo cabezas, que para que te sirve. Y la respuesta es que no sé. Lo hago. Es difícil, pero lo hago. Y jamás tuve intención de hacerlo: que el que quiera peces, que se moje el culo. Pero lo sigues haciendo.

Y haces 700 km para romper una cabeza, y rompes dos.

¡Que bien!

¿Cuántas cabezas se pueden romper?

Muy pocas, pero el mundo es grande, más grande que la India. Y hay coches y aviones y existe el Facebook.

No está tan difícil como la última vez.

Pero las cabezas con oreja son igual de escasas.

 

 

 

Majjhima Nikaya 85
Bodhirajakumara Sutta
El príncipe Bodhi

“Cuando quedé liberado, supe que estaba liberado y constaté: ‘Aniquilado está el renacer, cumplida la vida de santidad, hecho lo que había que hacer, ya no hay más devenir’.

“Éste, príncipe, fue el tercer conocimiento que logré en el último tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

“Entonces, consideré esto: ‘Este Dhamma alcanzado por mí es profundo, difícil de ver, difícil de entender, apacible, excelso, que trasciende la dialéctica, sutil, inteligible para aprender. Sin embargo, esta generación se deleita en los placeres sensuales, está habituada a deleitarse en los placeres sensuales y se regocija en los placeres sensuales. Y para una generación que se deleita en los placeres sensuales, que está habituada a deleitarse en los placeres sensuales y se regocija en los placeres sensuales, sería un asunto muy difícil el ver la verdad, o sea, la condicionalidad y el surgimiento dependiente. También sería un asunto muy difícil de ver, calmar las formaciones mentales, renunciar a todos los apegos, destruir la avidez, alcanzar el desapasionamiento, el cese, el Nibbana. De modo que, si yo enseñara este Dhamma a otros y ellos no me entendieran, esto podría llegar a ser una fatiga para mí, podría llegar a ser una vejación para mí’. Y más adelante, surgieron de mí estos versos, nunca antes escuchados en el pasado:

Esto lo he ganado mediante una gran fatiga.
¡Suficiente! ¿Por qué debería darlo a conocer?
Para la gente consumida por la codicia y el odio,
este Dhamma es incomprensible.

Yendo en contra de la corriente,
sutil, profundo, difícil de ver y delicado,
oculto detrás de la esclavitud de las pasiones:
[invisible para los que] están encapotados por las tinieblas de la ignorancia.

“Considerando esto, mi mente se inclinó más bien hacia la inactividad y no hacia la enseñanza del Dhamma.

“Entonces, al Brahma Sahampati, al haber conocido en su mente esta forma mía de razonar, se le ocurrió este pensamiento: ‘¡Ay, el mundo está perdido! ¡Ay, el mundo está destruido en la medida que la mente del Tathagata, ¡el Arahant plenamente despierto, se inclina más hacia la inactividad antes que hacia la enseñanza del Dhamma!’. Acto seguido, tan rápido como un fuerte hombre estira su brazo recogido o tan rápido como recoge su brazo estirado, el Brahma Sahampati, despareciendo del mundo del Brahma, se manifestó frente a mí. Entonces, habiendo arreglado su vestimenta exterior sobre uno de sus hombros, extendió sus manos en un reverencial saludo hacia mí, y dijo: ‘Venerable Señor, que el Bienaventurado enseñe el Dhamma, que el Tathagata enseñe el Dhamma. He aquí, hay seres con poco polvo en sus ojos, quienes, al no escuchar el Dhamma, están decayendo, pero si a ellos se les enseñara el Dhamma, acrecentarían su imperfecto conocimiento’. Así habló el Brahma Sahampati y, habiendo dicho esto, agregó luego estos versos:

 

He aquí, ha aparecido en Magadha antes de ti,
un Dhamma no claro, divisado por las mentes impuras.
Abre esta puerta a lo inmortal y hazles escuchar
el Dhamma que es sin mancha y conduce al Despertar.

Como un hombre que estuviera parado en la cima de una montaña,
Pudiendo observar la gente abajo, aunque estuviera muy lejos,
asimismo hazlo tú, ¡Oh, poseedor de la preciosa sabiduría!

¡Oh, tú que ves todo desde la terraza más alta de la verdad!
Mira hacia abajo, desde la liberación del dolor, hacia la gente
hundida en el dolor, oprimida por el nacimiento y la vejez.

¡Levántate, héroe! ¡Conquistador de la batalla!

Tú, que eres liberado sin resto alguno,
el Hombre de la Caravana, que camina delante del mundo;
Qué el Bienaventurado Enseñe el Dhamma.

“Entonces, habiendo entendido la súplica del Brahma, a causa de la compasión hacia los seres, inspeccioné el mundo con la vista de un Despierto. Y cuando inspeccioné el mundo con la vista de un Despierto, he visto a los seres con poco polvo en sus ojos, he visto a los seres con mucho polvo en sus ojos, seres con facultades perspicaces y seres con facultades adormecidas, seres con buena predisposición y seres con mala predisposición, seres dóciles y seres indómitos, pocos que vieran el temor en las faltas y en los mundos venideros. Al igual que en un estanque de agua de lotos azules, o en un estanque de agua de lotos rojos, o en un estanque de agua de lotos blancos, pocos son los lotos azules, rojos o blancos que, al nacer en el agua y al crecer en el agua, no emergen del agua y, sin embargo, florecen mientras estén completamente sumergidos; y pocos son también los lotos azules, rojos o blancos que, al nacer en el agua y al crecer en el agua, alcanzan la superficie del agua; y pocos son también los lotos azules, rojos o blancos que, al nacer en el agua y al crecer en el agua, se levantan emergiendo del agua, purificados por el agua. De la misma manera, cuando inspeccioné el mundo con la vista de un Despierto, he visto a los seres con poco polvo en sus ojos, he visto a los seres con mucho polvo en sus ojos, seres con facultades perspicaces y seres con facultades adormecidas, seres con buena predisposición y seres con mala predisposición, seres dóciles y seres indómitos, pocos que vieran el temor en las faltas y en los mundos venideros. Y viendo al Brahma Sahampati, me dirigí a él con este verso:

Abiertas están, para aquellos que escuchen, las puertas de lo inmortal;
hagámosles renunciar a su fe.
Pensando en la inútil fatiga no he predicado, Brahma,
Este sublime y excelso Dhamma a los hombres.

“Entonces, el Brahma Sahampati pensó: ‘La oportunidad ha sido dada por mí para que el Bienaventurado enseñe el Dhamma’. Y, saludándome, desapareció de ahí, manteniéndome a mí siempre a su lado derecho.

“Entonces, consideré esto: ‘¿A quién podría enseñar el Dhamma primero? ¿Quién podrá entender este Dhamma rápidamente?’. señanza para que sea conocida por todos.

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