El Martillo

Majjhima Nikaya 85
Bodhirajakumara Sutta
El príncipe Bodhi

Abiertas están, para aquellos que escuchen, las puertas de lo inmortal;
hagámosles renunciar a su fe.

 

Las puertas de lo inmortal están abiertas para aquellos QUE ESCUCHEN, Y QUE RENUNCIEN A SU FE.

Igual hoy que hace 2600 años, el Dhamma está abierto a quien le abre sus orejas y no tiene un ladrillo por cerebro.

El Dhamma no es para “buddhistas”, ni para “yoguis”, ni para “bhikkhus”, ni para “maestros”. Nunca se abrió a ellos, es más, su fe les ata irremisiblemente al Samsara. Su fe y el ladrillo que tienen por mente. El Dhamma tampoco es para los que creen en Dios, los que ponen su fe en un concpeto, a los que ponen su fe en dinero, en política, en economía, en sexo, en hijos, en familia, en fútbol, en coches de carreras, la droga…

Hoy quiero traer estos versos de John Lennon, en “God”, que posiblemente te suenen y para los que eras selectivo:

Dios Es Un Concepto,
Con El Que Medimos
Nuestro Dolor.
Lo Diré De Nuevo
Dios Es Un Concepto
Con El Que Medimos
Nuestro Dolor.

No Creo En La Magia,
No Creo En El Ying Yang,
No Creo En La Biblía,
No Creo En El Tarot,
No Creo En Hitler,
No Creo En Jesús,
No Creo En Kennedy,
No Creo En Buda,
No Creo En El Mantra,
No Creo En El Gita,
No Creo En El Yoga,
No Creo En Los Reyes,
No Creo En Elvis,
No Creo En Zimmerman,
Y No Creo En Los BEATLES.

Sólo Creo En Mi.

¿Dónde crees que está el Dhamma incondicionado? ¿Dónde crees que se esconde?

El Dhamma está en ti.

Y ahí, en tu mente, es donde están las puertas del Dhamma. Los ladrillos que la cubren los has puesto tú y trabajas para mantenerlos, que luzcan bellos. Y no paras de hacerlo.

Es imposible pasar por una puerta atorada de ladrillos, ladrillos de fe, cualquier fe. Si quieres tener fe en el Dhamma incondicionado, una fe inquebrantable, una fe inamovible… ten fe en ti, y nada más que en tí.

Y límpiate las orejas. Y oye. Y si tienes un ladrillo por cerebro clama por un martillo. Grita para que alguien te rompa tus esquemas, que parta tu fe en pedazos…

Y, si eres capaz de oír y de renunciar a toda fe, el Dhamma incondicionado, con toda su grandeza, te tendrá abierta sus puertas. Así de fácil, así de obvio.

¿Sabes por qué nunca has llegado a nada en tu secta buddhista?

Adivina.

Porque has rellenado tu mente con ladrillos, ladrillos de fe. Tienes una cabeza tan dura, tan pesada, que nada que oigas puede penetrarla. Y verás con asombro e incluso desesperación como cualquiera que venga con la mente limpia y las orejas listas, entra y se zambulle en lo infinito… mientras sigues en la noria del Samsara dando vueltas y vueltas… y vueltas.

Y en tu cabeza enladrillada, resonarán estas palabras del Mahaparinibbāna sutta para acompañarte en la eternidad:

“Aquellos monjes míos, Ananda, que ahora o después de mi partida permanezcan como sus propias islas, sean su propio refugio, sin que tengan a nadie más que sea su refugio, con el Dhamma como su único refugio, ellos alcanzarán lo más alto, si es que tienen deseo de aprender”.

Y seguirás en la noria diciéndote: yo tengo razón, yo creo en lo correcto, sufrir para toda la eternidad no debe ser tan malo… porque aquí estamos la mayoría…

Sabios hay pocos, tontos, infinitos. }

El Samsara no para, te tienes que tirar…

Insisto, y te lo digo a tí: el Dhamma es para cualquiera que quiera oír con las orejas.

¿Oyes?

Tira tus ladrillos rotos, descuida, al rato vendrán los tontos para recogerlos…

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Tiene sentido, interesante.

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